La despedida

No hay más vida… no hay, no hay más vida… no hay, no hay más lluvia… no hay, no hay más brisa… no hay, no hay más risa… no hay, no hay más llanto… no hay, no hay más miedo… no hay, no hay más canto… no hay.

Saliste por esa puerta como si tu alma se la llevara quien la trajo, con el ceño fruncido, la mirada firme hacia adelante, te montaste en el carro y yo no tuve valor para ir tras de ti… en el fondo yo también entendía lo que estaba pasando.

Llévame donde estés… llévame.

Te vi hacerte pequeña como todas las veces que te vas o me voy, que te veo y no me ves, que me ves y no puedo verte… que te quiero y no me quieres, que te amo y me quieres, que no me quieres y yo sigo haciéndolo.

Llévame donde estés… llévame.

Un momento, un recuerdo, un segundo… nada.

Llévame donde estés… llévame.

Una caricia, un beso, un te amo, un adiós… nada.

Llévame donde estés… llévame.

Un abrazo, nuestros cuerpos y al final… nada.

No hay más cielo… no hay, no hay más viento… no hay, no hay más hielo… no hay, no hay más fuego… no hay, no hay más vida… no hay, no hay más vida… no hay, no hay más rabia… no hay, no hay más sueño... no hay.


Las lágrimas que más duelen, son aquellas derramadas por todas las cosas que nunca podrás decirle a alguien que se fue.


Cuando alguien se va, el que se queda sufre más.


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