De esos días
De esos días donde tu corazón se cansa de latir con fuerza y
tu cerebro te ataca con cada idea y cada pensamiento más nocivo que el otro.
Donde corres y corres y te das cuenta que solo vas en círculos, cuando crees
que vas en línea recta y solo vas hacia la nada… respiras y por más que
respiras aire solo exhalas tristeza.
Tengo los bolsillos tan llenos de soledad, la cartera full
de tristeza y como treinta créditos de decepción en el banco, no sé dónde
comprar el hilo para coserme, me rompí tanto y tan duro que no sé donde cayeron
si quiera los pedazos. Me extraño tanto y me he perdido tantas veces que
mientras más me busco más daño me hago, he esperado tanto que se me lleno de
polvo el alma, las ganas, la esperanza, la Fe.
De esos días donde es absurda la existencia, la convivencia,
la manera de sentir, de pensar, de actuar… donde se siente cada palabra como un
movimiento en falso. Cada ilusión se siente como una hojilla pasándote despacio
por el alma, cada sueño como una cachetada, cada abrazo… como solo un abrazo.
Como lo que es.
El retumbar de las palabras se agudiza tanto que pareciera
que tu conciencia te gritara la realidad, te escupiera la cara o sencillamente
se burlara de ti. Cada línea de pronunciación se acentúa, lo recuerdas una y
otra vez como si te lo estuvieran diciendo en ese momento… lloras tanto, gritas
tanto, te pones en posición fetal agarrándote las costillas como si se te fuera
rompiendo una por una o como si abrazándote podrás volver a juntar todas tus
piezas rotas o todo lo que se rompió dentro de ti, todo en vano, no importa cuánto
te apretes, no importa cuánto grites, no importa que tan duro corras hacia la
nada… no dejara de doler y no dejara de perseguirte.
De esos días donde el cigarro sabe a lluvia y el café huele
a tristeza, el fondo musical es su voz, donde el sol no regresa.



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